2 feb 2010

Forastero...

Mercado frente a la Jama Masjid


Desde aquello, estoy helada. A todas horas los prejuzgo. Es automático: me hablan y lanzo una mirada escéptica, recojo la barbilla, frunzo el ceño, levanto una ceja y dejo hablar mientras insulto por dentro. Lo siento. Pero es que algo me dice que aquello no fue un caso aislado. Me he atrevido a extrapolar un caso a todo el país, la democracia más grande del mundo… Se me revuelve el estómago.

En resumidas cuentas, se me revuelve el estómago con las noches de fiesta de los indios ricos. No supero lo de los sombreros de cowboy y las gafas de sol en discotecas de tres plantas. Indias con minifaldas y escotes, mientras que, en la calle, llevan sarees, telas de 9 metros. Indias con minifaldas y escotes que abren la boca mirando hacia arriba mientras hombres en camisas ceñidísimas les dan de beber directamente de la botella de champagne. Hombres a los que parece que vayan a saltar los botones de sus camisas y vayan a caer, justamente, al escote de las reinas de la fiesta, entre lametón y lametón. No hay prisa, el chófer está acostumbrado a esperar abajo hasta que sale el sol. No les culpo por ser ricos, sino por su actitud de desprecio a todo lo que no son Rolex y Moet. Y entre tanto descaro, hombres con camisas ceñidas y indias con minifalda y escote se te acercan, te ríen las gracias y sacan tema de conversación. No habría nada malo en eso si quisieran tu amistad, pero es que resulta que sólo eres un complemento de su atuendo, parte de su coartada para aparentar.

Un país tan pobre no lo dejará de ser evitando un par de noches de fiesta con barra libre. Pero tengo la amarga sensación de que los ricos riegan las chabolas con los restos del alcohol de anoche.


4 comentarios:

  1. Alguien les debió poner American Pie 2 y eso les marcó de por vida... qué triste... aunque más que regar las chabolas con champagne, lo que hacen directamente es vaciar sus estúpidas vejigas sobre un país entero

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  2. definitivament,
    m'agrada molt el teu blog, nina!

    de debò

    així que, amb o sense indignació, no deixis de posar llum a allò que la resta no podem veure

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  3. Dios, qué ascazo. Con perdón, pero es que ese rollo Beverly Dehills me pone del hígado. Ojo, no te quedes sin lengua de tanto mordértela en esas deliciosas soirées!

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  4. Aquí también siento eso mismo que tú explicas tan bien. Uno pasa de un extremo a otro en apenas unos metros... y la sensación que produce es como mínimo amarga. De la misera a la opulencia desmedida y rancia del lujo... Mucho ánimo y ahora que vuelvo a tener internet te seguiré leyendo desde El Cairo.

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